Por Ignacio J. Domingo
China da un golpe en el orden mundial frente a Trump con su músculo tecnológico
El encuentro entre Trump y Xi Jinping previsto para este mes reflejará la reconfiguración silenciosa de poderes en el tablero global y la colisión entre dos modelos, con el gigante asiático ganando terreno La guerra de Irán aleja a las monarquías del Golfo de su labrada imagen de refugio inversor en Oriente Próximo Dos décadas después de sacudir la globalización con su ingreso en la Organización Mundial del Comercio (OMC) y su avalancha de manufacturas baratas, China vuelve a alterar el orden mundial. Esta vez, el golpe en la mesa de Pekín no procede de sus bajos costes, factor que le ha otorgado el estatus de Gran Factoría Global, sino de una reconfiguración deliberada, planificada y bien pergeñada de su modelo productivo. Lo sorprendente es que este cambio de paradigma se está vislumbrando con suma nitidez en pleno voltaje geopolítico por la guerra en Irán. El conflicto ha encarecido la energía, tensionado el comercio y reordenado las cadenas de suministro y valor en todo el planeta, y ha dejado traslucir una inusitada capacidad de resiliencia en la segunda superpotencia económica del planeta. El PIB chino ha retornado a la recién abandonada meta de crecimiento del 5% entre enero y marzo después de acelerar una mutación estructural que ha empezado a mostrar mayor musculatura e influencia internacional. El contraste de la coyuntura global es ya revelador. Mientras las potencias industrializadas temen por la denominada estanflación (inflación y estancamiento económico) y otros mercados importadores de combustibles fósiles acusan el shock del oro negro, Pekín está amortiguando este impacto. Lo ha hecho gracias a años de diversificación energética, con un aumento de la extracción de carbón, proliferación de reactores nucleares y, sobre todo, fuentes renovables, lo que ha elevado sus reservas estratégicas y reducido su dependencia del crudo del Golfo Pérsico. China, en definitiva, ha reforzado sus escudos…